Mis manos te aman (Ex-esposo)

Hola,

El tiempo es infalible, ya entra Navidad y los parques se llenan de colores, la ciudad se engalana con sus mejores atuendos dicembrinos. Sólo se ven péndulos y colgantes en las riveras del río que en sus noches calurosas dejan ver sus mejores luces. ¡Ya llegó diciembre ¡ mes de alegría donde todos nos buscamos para el reencuentro.

En nuestro caso todo será diferente, tu por tu lado, yo por el mío, distantes y alejados por el silencio, casi del olvido. Es la realidad, ya somos cosa del ayer, del pasado donde sólo fueron sueños y hoy son recuerdos muchas veces cargados de dolor. Ahora, sólo queda continuar, marchar hacia adelante para construir el porvenir, donde cada uno con su cincel estará labrando su destino.

No puedo negar el vacío que has dejado, todavía me despierto y en forma torpe te busco entre las sabanas como si te estuvieras escondiendo, comprendo ya no estás.

Llamo la atención de mis manos y las recojo lentamente para llevarlas y abrazarlas junto a mi corazón y decirles, lo siento. Ambas se pusieron frías y desesperadas, no aceptaron mi voz de consuelo, quedaron tendidas con sus brazos en el rincón de tu lecho.

Trate de hablarles, pero estaban inconsolables, se aferraron a tu almohada, dejé en silencio mi cuerpo para que ellas vivieran su dolor y aceptaran la partida, pero no, el duelo ha sido largo.

Todas las noches cuando entro a buscar el sueño en la cama, casi que por acto reflejo mis manos, que parecieran tener alma propia, comienzan a buscarte con desesperación profunda; te confieso, yo no sé que hacer con ellas¡, sólo sé, que cada mañana cuando me despierto las dos juntas guardan en su ceno los bordados de hilo de las iniciales de nuestros nombres que están marcados en las sabanas para siempre.

Para salvar este impasse he traicionado mi corazón buscando consuelo en otros brazos con el fin que mis manos humedecidas y frías reciban el calor de hogar. Todo intento ha sido fallido, ellas se muestran reticentes y se resisten a recibir toda clase de afecto.

¿Sabes?, hoy les dije a ambas que las invitaría a un lugar muy especial, más me demoré en decirles que verlas saltar de felicidad, se pusieron radiantes, dulces y diligentes en los quehaceres de mis labores. El lugar de invitación no era otro que llevarlas al teclado de la computadora para que te escribieran, y ellas mismas te expresaran un par de fráses con una rosa entre sus manos por ese sentimiento inmenso de amor.

Las dos del miedo temblaron y unidas en llanto deslizaron sus tiernos dedos para luego retirarse enmudecidas en silencio y dolor.

Amor mío, mis manos aún te aman.

Tu ex-esposo